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Palabras
de Doña Letizia Ortiz en su primera aparición pública
como prometida del Príncipe Felipe de Asturias el lunes 3 de Noviembre
del 2003 .
“Entiendo la sorpresa que ha causado esta decisión a casi
todos pero es una decisión madura, fruto de reflexiones muy intensas
y sobre todo con el peso y la solidez del profundo amor que nos tenemos
y del proyecto común que iniciamos. Desde muy joven soy periodista
y hasta los 31 años que tengo ahora he ejercido mi profesión
con ganas, con ilusión, con fuerza. De esa misma manera afronto
lo que ahora iniciamos, con responsabilidad, con ilusión y con
vocación de servicio a los españoles. Muchísimas
gracias”
La
petición de mano se celebró el jueves 6 de Noviembre del
2003, teniendo como escenarios los Palacios de la Zarzuela y el Pardo.
Tras haber celebrado primero una ceremonia íntima e informal en
el Palacio de la Zarzuela, sobre las doce y media del pasado jueves día
6, el príncipe Felipe y Letizia Ortiz salieron, sonrientes y cogidos
de la mano, del Palacio Real de El Pardo -lugar expresamente elegido por
la pareja- para hacer su primer posado como prometidos oficiales. El día,
soleado y luminoso, quiso acompañar la felicidad de los jóvenes,
que dieron un corto paseo de 5 minutos por los jardines del recinto, demostrando
en todo momento una gran desenvoltura -Letizia no paró de susurrar
palabras a su prometido- y una complicidad propia de enamorados.
Letizia estaba radiante, vestida con un traje pantalón de Armani,
de color blanco, muy sencillo: la chaqueta, sin cuello, cerrada con tres
botones, y con escote chimenea, dicen que era muy de su estilo. Para la
ocasión, don Felipe lució un traje oscuro de raya diplomática,
camisa clara y corbata azul marino. Un total de 350 periodistas, de 150
medios y de 12 países diferentes (aparte de los españoles,
predominaban los alemanes y franceses) se habían acreditado para
captar las imágenes de este histórico acontecimiento, que
reunió también a multitud de curiosos en las cercanías
del Palacio de El Pardo.
Tras el breve
paseo por los jardines reales, la pareja se dirigió al interior
del palacio, concretamente al patio cubierto de los Austrias, donde volvieron
a posar para los fotógrafos y contestaron emocionados a las preguntas
de los periodistas.
El gran interrogante sobre el día exacto en el que celebrarán
su boda real no quedó resuelto. «La fecha concreta no está
definida. Finales de primavera, principios de verano...», masculló
el Príncipe. Acto seguido, mostraron orgullosos sus regalos de
compromiso. Doña Letizia lucía en su mano izquierda un precioso
anillo de oro blanco y brillantes. «Un diseño moderno»,
intervino aquí, divertido, el Príncipe. Para diferenciarse
de las dos Infantas, Letizia quiso ser más original y no repetir
el detalle del recurrente reloj de muñeca, y se decantó
por regalarle a don Felipe unos gemelos de zafiro y oro blanco, del joyero
Suárez, que él enseñó entre nervioso y emocionado.
Aparte de estos regalos, la pareja comunicó que, posteriormente,
ya en la intimidad, iban a hacerse entrega de otros presentes. «yo
le regalaré una joya familiar, un collar de perlas y zafiros»,
declaró el Príncipe. «La mía será una
joya literaria -puntualizó Letizia-. «Un libro muy bonito
de 1850 de Mariano José de Larra, que es una historia caballeresca
del siglo XV ».
Como supimos más tarde, se trataba del libro «El doncel de
don Enrique, el doliente», que Letizia había elegido, entre
otras cosas, porque su autor, Larra, había sido periodista.
Los prometidos
no dejaron de hacerse miradas de complicidad, gestos cariñosos
e intercambio de comentarios (sobre todo, de Letizia hacia don Felipe
) durante su charla con la prensa, dejando claro delante de toda España
que la suya va a ser una boda por amor, el tipo de boda que, en los tiempos
que corren, el pueblo español, sin duda, desea para su heredero.
El Príncipe
hizo hincapié en que su futura boda con Letizia significa «
sobre todo, continuidad, permite dar la posibilidad de tener un eslabón
más en la cadena de la dinastía y nos engarza con la Historia.
Aparte, me permite incorporar un activo a mi trabajo por el bien de los
intereses de los españoles. Personalmente, supone un tremendo apoyo,
porque sus cualidades y su valía van a ser fundamentales y van
a dar grandes frutos » .
A la pregunta
sobre si Letizia abandonará definitivamente su labor como periodista,
la asturiana explicó que «desde hoy queda claro que es un
punto y aparte en la labor profesional que he ejercido hasta ahora».
Pero, seguidamente, añadió que no se desvinculará
inmediatamente de TVE, sino de forma gradual, para integrarse progresivamente
en su papel de futura Reina. En ese momento, tuvo lugar una divertida
anécdota. Letizia todavía no había concluido su discurso
cuando el Príncipe la interrumpió: «No le va a faltar
trabajo, va a tener el día bien ocupado».
«Déjame terminar», incidió ella, lo que provocó
las risas de los presentes y demostró que Letizia Ortiz es una
mujer libre y con carácter, que sabe tomar sus propias decisiones.
No podía faltar la pregunta sobre qué cualidades habían
visto el uno en el otro para enamorarse. «Hay muchas evidentes a
los ojos de todos -manifestó el Príncipe-. Además.
su elocuencia y su inteligencia, su espíritu de responsabilidad
en el trabajo, su coraje. Tiene unos principios, una rectitud y una ejemplaridad
en el trabajo que siempre me ha impresionado y, desde que la conozco,
mucho más». Letizia destacó de él que «es
un ser humano excepcional. Es muy respetuoso, muy sensato, inteligente,
es un gran lector, una persona afanada en crecer por dentro y en tener
una visión del mundo muy justa y muy comprometida» .
Sobre cómo
se conocieron, don Felipe se limitó a decir: «Fue hace más
de un año. Fue un encuentro casual, que no tuvo consecuencias.
Fue en primavera cuando entablamos más contacto y aquello fructificó».
« ¿ y cómo se declara un Príncipe ?»,
preguntó atrevido el periodista Josep Calabuig. «Como un
hombre enamorado», respondió Letizia, dejando claro que,
además de buena entrevistadora, es una mejor entrevistada. Aunque
todavía es pronto para adelantar acontecimientos, hubo incluso
quien le preguntó al Príncipe por su descendencia.
Ante la cara
de sorpresa y estupor de Letizia, don Felipe respondió buscando
la mirada cómplice de su amada: «La intención es por
encima de 2 y por debajo de 5 ». Seguidamente, salieron al Patio
Sus Majestades los Reyes. El Príncipe, cogido de la mano de Letizia,
estrechó con la otra la mano de su madre, la reina Sofía.
Fue un apretón de complicidad, buscando la aprobación de
que la suya, sin duda, ha sido una buena elección. Posteriormente,
se unieron a la Familia Real los padres de Letizia, Jesús Ortiz
y Paloma Rocasolano, sus hermanas, Telilla y Erika; David, un primo de
Letizia y su esposa; las Infantas Elena y Cristina con sus respectivos
maridos, las hermanas del Rey y sus familiares y la princesa Irene. Juntos
y felices posaron para la histórica foto del compromiso oficial
de nuestro heredero, un compromiso que, a buen seguro, ha significado
un paso de modernidad en la monarquía española. Tras finalizar
el posado oficial, la pareja regresó al Palacio de la Zarzuela,
donde tuvo lugar un almuerzo íntimo con sus respectivos familiares.
Fuente:
Revista Pronto
El
Principe Felipe y Doña Letizia acudieron el 11 de mayo de 2003
a la estación madrileña
de Atocha para depositar un ramo de rosas rojas y de claveles blancos
y rojos en memoria de
las 192 víctimas y en solidaridad con los heridos.
Doña Letizia vestía pantalón negro chaqueta de tonos
pastel tipo Chanel.
Posteriormente, la pareja visitó el colegio público Ciudad
de Valencia, situado en el barrio
madrileño de Santa Eugenia y donde estudian seis niños que
perdieron a sus padres en los
atentados del 11 de marzo del 2003. Tras posar unos instantes ante las
cámaras de los
fotógrafos y cadenas de televisión, el grupo se dirgió
al interior del centro escolar,
donde recorrieron las aulas saludando a alumnos y docentes, vieron los
trabajos
de los estudiantes, firmaron autógrafos, e incluso se sentaron
con los niños a dibujar.
Al término de la visita, que se prolongó hasta las 13:30
horas, tras abandonar el centro
escolar, entre los gritos y muestras de cariño de los alumnos,
a los que la visita de la
pareja les ilusionó mucho, una vez en el exterior continuaron estrechando
las manos de los
numerosos vecinos de Santa Eugenia que les esperaban a las puertas del
edificio.

La cena de gala que se celebró
el 21 de mayo del 2004, tuvo como escenario el Palacio del
Pardo, y acogió a 345 invitados.
Acompañada del Príncipe, Doña Letizia descendió
del coche oficial cuando la lluvia más
arreciaba sobre Madrid. El Príncipe la tapó con un paraguas
hasta que los dos alcanzaron
la pasarela cubierta de la entrada del Palacio, por la que fueron recibiendo
uno a uno, a
los invitados. El besamanos duró casi una hora, y Doña Letizia
mostró su lado más cálido
al fundirse en emocionados abrazos con sus cuatro abuelos. Tras los saludos,
los comensales
pasaron a degustar la cena.
Doña Letizia vestía un traje de seda natural color platino
confeccionado por Lorenzo Caprile. Llegó envuelta en un traje de
shantung de seda natural color platino y encaje de chantilly, bordado
con pedrería en gris plata, que le dejaba los hombros al descubierto
y resaltaba el aderezo de platino, zafiros, perlas y brillantes (pendientes
y collar) propiedad en su día de la condesa de Barcelona, madre
del Rey, y que Don Juan Carlos y Doña Sofía le regalaron
a Doña Letizia el día de la petición de mano. Doña
Letizia lució también un abanico artesanal incrustado en
nacar y un bolso de filigrana que perteneció a la infanta Isabel
de Borbón, "la Chata"
MENÚ:
Después de una variada selección de aperitivos,
se sirvieron un primer plato formado por
yemas de espárragos blancos de Tudela con trufa de verano y su
sopa. A éste siguió rape
con habitas a la menta, y un tercero de ravioli ibérico de tomate
y vinagre de Jerez. El
menú se complementó con pechuga de paro en escabeche ligero
al vino tinto con puré de limón
y un postre formado por chocolate, coco y frutos rojos con sorbete de
cítricos.
Tras el café se sirvieron una "pequeñas locuras"
del casino de Madrid, que incluyen: bombón
de cardamomo, crocanti Gaudí, hojas de menta, "air baguette",
pirulestas de chocolate y mini
cornetes.
El aperitivo que precedió al almuerzo, estuvo acompañado
por dos vinos blancos, Clarión,
Viñas del Vero, con denominación de origen Somonano, y Milmanda
de Torres, de Conca de
Barberà.
La Colección 125 de Bodegas Chivite, blanco de Navarra, y el tinto
Matarromera, de la
denominación de origen Ribera de Duero, son los vinos que acompañaron
la cena, que se
cerraría con un M.R Moscatel de Málaga.

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